los 7 pasos de Jesús hacia la cruz

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El viaje de Dios hacia la cruz, ha sido la misión más fantástica de toda la humanidad. No comenzó en el pesebre, ni con María. Comenzó antes de la fundación de la tierra[1]. La carta de los filipenses nos relata 7 pasos que nuestro Señor Jesucristo dio para tal hazaña. Qué mejor que hoy para reflexionar en ellos. Los invito a descender por esta escalera hasta el centro del universo; “donde el bien y el mal se enfrentaron en el máximo conflicto de la historia; Donde el principio y el fin se tomaron de la mano para observar el más grande suceso del cosmos; cuando la maldad de la raza humana impactó a la mayor muestra de amor de toda la eternidad. Y Dios, creador del universo, se dejó asesinar por su propia creación para alterar todo efecto destructivo del pecado, asegurando un pasado, presente y futuro lleno de esperanza y salvación para toda la humanidad.”[2]

Desde la eternidad, Dios había planeado el escape para esta humanidad caída. Dios envió a su hijo unigénito para cumplir la misión que ningún otro podría realizar. El apóstol Pablo nos lleva por este viaje en Filipenses capítulo 2;

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús:                              Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo,
tomó la forma de siervo
y se hizo semejante a los hombres.
mas aún, hallándose en la condición de hombre,
se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte,
y muerte de cruz.

Paso 1 – Humildad: El nuevo testamento nos deja en claro que Jesús era Dios cuando vino a este mundo. “siendo en forma de Dios” (versículo 5). Sus  milagros, su sabiduría, sus palabras cambiaron el destino de la humanidad. Juan dice en su evangelio; “En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Éste estaba en el principio con Dios.”[3] Luego dice, “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre.”[4] Jesús estuvo con Adán en el principio, estuvo con Noé, con Abraham, Moisés y los profetas como un Dios omnipresente. Pero para Él, no bastó, con mirar la historia desde su trono. Sino que él mismo recorrió los desiertos, calurosos y polvorientos, junto a hombres pecadores y de mala fama. Su gran humildad lo hizo sacarse su corona, levantarse del trono y dar el primer paso.

Paso 2 – Despojarse: Cristo se despojó de su autoridad, de sus riquezas y aceptó que su vida fuera ordinaria. Dejó su gloria, su poder vaciándose para identificarse con la humanidad. Nadie le quitó su poder sino que el mismo quiso despojarse de los atributos que le impidiera llegar a la cruz. “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”[5] Las tentaciones fueron dirigidas al poder y la autoridad del hijo de Dios, que siempre las tuvo a disposición y que podría haber recurrido en cualquier momento: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?”[6]. El que Cristo se haya despojado, nos da el gran privilegio de ser parte del maravilloso plan de Dios de Salvación para la humanidad.

Paso 3 – Encarnación: “tomó la forma de siervo” (versículo 7). En el evangelio de Juan nos dice que el “Verbo se hizo carne”[7]. A través de los evangelios se puede apreciar que Jesús, históricamente fue real como cualquiera de nosotros y que además, sus hechos sobrenaturales, que sobrepasan las leyes de la física, las naturales y las leyes judías, nos muestran que no solo era un hombre común y corriente. Su nombre “Emanuel”, que significa “Dios con nosotros”[8] es la promesa de la presencia de Dios entre su pueblo. esta se remonta desde los tiempos del Antiguo Testamento. Por ejemplo, cuando Dios llamó a Moisés para regresar a Egipto y liberar a su pueblo de la esclavitud egipcia, le dijo: «Yo estaré contigo» (Éxodo 3.12). Extraordinaria promesa que cumple Dios en Jesús de Nazaret, que estuvo en medio nuestro. Que alegría para quienes lo vieron caminar por esta tierra, junto a los pobres, a los humildes, los pecadores y gente común. Dios nos visitó, anduvo en medio nuestro, y antes de ascender al cielo, Jesús nos deja esta maravillosa promesa: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28.20).[9]

Paso 4 –  Humanidad: “y se hizo semejante a los hombres” (versículo 7) Jesús no apareció en la historia de forma anónima de un día a otro, tampoco tomó un cuerpo de otro humano para visitar su creación. Lewis S. Chafer nos dice: “Si Él hubiera nacido de padre y madre Humanos, no hubiera habido nada para identificar su humanidad como justa propiedad de su Deidad. Por otra parte, si Él no hubiera aparecido con ningún parentesco humano, no hubiera habido base legítima para probar el hecho de su humanidad”[10]. Por eso el nacimiento de Jesús es un evento muy importante en todos sus detalles. Vemos el Espíritu Santo concibiendo a María, poniendo la Divinidad de Dios en un vaso frágil. Las genealogías en el principio de los evangelios de Mateo y Lucas nos indican el cumplimiento de las profecías del antiguo testamento. El legítimo heredero al trono de David, según la ley judía, debía nacer de línea directa. La encarnación de Cristo fue perfecta en tanto que mantuvo su naturaleza divina como la naturaleza humana, para así ser el primero de una nueva raza híbrida, el cual nos dio la posibilidad de que sea nuestro legítimo redentor. «Pues, ciertamente, no vino en auxilio de los ángeles, sino de los descendientes de Abraham. 17 Por eso era preciso que en todo se asemejara a sus hermanos…» (Hebreos 2:16-17)

Paso 5 – La humillación: “se humilló a sí mismo” (versículo 8) el día que apresaron a Cristo en el huerto de Getsemaní, no hubo resistencia por parte de Jesús. En el capítulo 53 de Isaías, escrito casi 700 años antes, dice así acerca de Cristo:

53 ¿Quién ha creído a nuestro mensaje
y a quién se le ha revelado el poder del Señor?
Creció en su presencia como vástago tierno,
como raíz de tierra seca.
No había en él belleza ni majestad alguna;
su aspecto no era atractivo
y nada en su apariencia lo hacía deseable.
Despreciado y rechazado por los hombres,
varón de dolores, hecho para el sufrimiento.
Todos evitaban mirarlo;
fue despreciado, y no lo estimamos.

Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades
y soportó nuestros dolores,
pero nosotros lo consideramos herido,
golpeado por Dios, y humillado.
Él fue traspasado por nuestras rebeliones,
y molido por nuestras iniquidades;
sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz,
y gracias a sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos perdidos, como ovejas;
cada uno seguía su propio camino,
pero el Señor hizo recaer sobre él
la iniquidad de todos nosotros.
Maltratado y humillado,
ni siquiera abrió su boca;
como cordero, fue llevado al matadero;
como oveja, enmudeció ante su trasquilador;
y ni siquiera abrió su boca.
Después de aprehenderlo y juzgarlo, le dieron muerte;
nadie se preocupó de su descendencia.
Fue arrancado de la tierra de los vivientes,
y golpeado por la transgresión de mi pueblo.
Se le asignó un sepulcro con los malvados,
y murió entre los malhechores,[a]
aunque nunca cometió violencia alguna,
ni hubo engaño en su boca.

10 Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir,
y, como él ofreció[b] su vida en expiación,
verá su descendencia y prolongará sus días,
y llevará a cabo la voluntad del Señor.
11 Después de su sufrimiento,
verá la luz[c] y quedará satisfecho;
por su conocimiento
mi siervo justo justificará a muchos,
y cargará con las iniquidades de ellos.
12 Por lo tanto, le daré un puesto entre los grandes,
y repartirá el botín con los fuertes,
porque derramó su vida hasta la muerte,
y fue contado entre los transgresores.
Cargó con el pecado de muchos,
e intercedió por los pecadores.

A esto no podemos agregar nada más que nuestra absoluta adoración, porque, por nuestros pecados el Hijo de Dios fue humillado en la cruz del calvario.

Paso 6 – Obediencia: “haciéndose obediente” (versículo 8). Adán y Eva desobedecieron y se rebelaron contra Dios, por lo cual entró el pecado y la muerte a la humanidad. En contraposición Cristo obedeció y fue máximo ejemplo de sumisión a su padre celestial. Gracias a su obediencia entró la salvación y vida eterna al mundo entero. La misión final era la cruz del calvario, por lo tanto, el camino para llegar a ella iba tener el máximo riesgo. ¿Qué podía retener a Cristo en la tierra?, ni satanás, ni los demonios tendrían el poder suficiente. Ni las riquezas de esta tierra, ni las glorias de los reinos tentaron a Dios. Lo único que podía retenerlo era su obediencia absoluta. La oración de nuestro Señor la noche que lo apresaron en el huerto del Getsemaní fue una muestra de su enfoque “Jesús se alejó un poco de ellos, se arrodilló hasta tocar el suelo con la frente, y oró a Dios: «Padre, ¡cómo deseo que me libres de este sufrimiento! Pero no será lo que yo quiera, sino lo que quieras tú.”[11]

Paso 7 – Muerte: “haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (versículo 8). Muchos piensan que a Cristo lo mataron en contra de su voluntad, porque no pudo defenderse. Pero la muerte de Cristo estaba profetizada desde el libro de Génesis[12]. Estaba predestinada a ocurrir desde antes de la fundación de la tierra. El pueblo de Israel fue instituido por Dios para este propósito, traer al Mesías para salvar a la humanidad. Las fiestas de la Pascua, el día que murió Jesús, no era más que un adelanto de la forma que Dios iba a salvarnos. Los evangelios nos cuentan de un Jesús que sabía su destino. John Stott dice en su libro «La Cruz de Cristo» acerca de su muerte:

«que si bien Jesús enfrentó la muerte debido a los pecados de la humanidad, no murió
como mártir. Por el contrario, fue a la cruz voluntariamente, incluso deliberadamente. Desde el comienzo de su ministerio público se consagró a este destino»[13].

Jesús constantemente decía a sus discípulos, «me es necesario» aludiendo a su muerte (Mateo 16:21, Marcos 8:31, Lucas 9:22). También les dijo en Juan 10:11, 17-18:

«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas…» …»Por eso me ama el Padre: porque entrego mi vida para volver a recibirla. Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla. Éste es el mandamiento que recibí de mi Padre.» Ahora podemos decir confiadamente como lo expresa Pablo, «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.» [14]

aunque paradójicamente el evangelio significa «Buena noticia» viene enmarcada con esta horrible forma de morir, la peor según los historiadores de la época. Jesús se toma el trago amargo para que nosotros podamos probar la dulce.  Jesús desecha toda realización en la tierra para que nosotros podamos ver un nuevo mundo, lleno de esperanzas y justicia.

Terminamos el viaje, de Cristo hacia la cruz, que nos relata la carta a los Filipenses (2:5-8) y pasamos a ver la culminación de este plan maravilloso:

«Por eso Dios también lo exaltó (Cristo) sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor» (Filipenses 2:9-11)

Ahora nos queda tener «este sentir que hubo también en Cristo Jesús» (versiculo 5), en estos 7 Pasos hacia la cruz, para completar su gozo. Si bien, Dios ya hizo el sacrificio mayor, Dios nos pide que seamos imitadores de su hijo. les dejo el desafío de contextualizar estos principios a sus propias vidas. tenemos mucho que despojarnos, humillarnos y obedecer a Dios para que seamos luz a muchos que están en tinieblas.

Dios les bendiga
Fabian Pavez

[1] Efesios 1:4

[2] Extraído de la publicación de este mismo sitio “Centro del universo”, Fabian Pavez.

[3] Juan 1:1-3, Reina-Valera 1995

[4] Juan 1:14, Reina-Valera 1995

[5] Mateo 4:3-4, Reina-Valera 1995

[6] Mateo 26:53,

[7] Juan 1:14, Reina-Valera 1995

[8] Mateo 1:23

[9] “Los Nombres De Dios”, George W. Knight, (Paginas 269-270)

[10] Teología Sistemática, Volumen V “Cristología”, Lewis S. Chafer (Paginas 487-501)

[11] Mateo 26:39, Biblia Traducción en Lenguaje Actual, TLA

[12] Génesis 3:14-15, “Pondré enemistad entre tú y la mujer,   y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza,     pero tú le morderás el talón”, Biblia  NVI

[13] «La Cruz de Cristo», John Stott, (páginas 69-70)

[14] Gálatas 2:20, Reina-Valera 1995

Bibliografía:

Este mensaje está inspirado en el libro de Horacio Alonso, «La identificación con Cristo», si tiene la oportunidad de comprarlo, no lo piense dos veces. yo no lo tengo en forma digital, si usted lo tiene, puede enviarlo a este mail fabianpavez777@hotmail.com para compartirlo.

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