Chile, yo estoy contigo. ”Yo sé lo que se siente”

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Jesús está con el débil, con el cansado, con el que sufre, con los pobres, con los humildes, los que ahora en Chile y en todo el mundo están pasando por tiempos de sufrimientos. Nuestro Señor sabe muy bien de montajes, juicios falsos, cargos mentirosos, injusticias y corrupción. Los vivió en carne propia y probó el sabor amargo del aislamiento, la soledad y la brutalidad del ser humano.

Los religiosos planearon, conspiraron y llevaron a cabo el más falso juicio en contra de nuestro Dios. Que viendo como la gente comenzaba a seguirle por sus enseñanzas revolucionarias, por su amor por los más necesitados, por su preocupación por los miserables y pecadores, comenzaron a verle como un enemigo público.

Los sacerdotes soñaban con la pleitesía de los reyes de la tierra, mientras que nuestro Cristo llamaba bienaventurados a los humildes, a los pobres. Sus discípulos eran pescadores ignorantes con un lenguaje sencillo. Mientras que sus palabras estaban llenas de perdón para los pobres y pecadores, condenaba a los doctores de la ley que pretendían y anhelaban las genealogías (apellidos), las cenas pomposas y querían centralizar todas las riquezas bajo su mando y religión.

La religión judía de los tiempos de Cristo se llevaba muy bien con el gobierno romano, que a la vez, los dejaba libremente seguir con sus tradiciones y leyes. Las cuales beneficiaban solo a unos cuantos. No le parece alguna similitud con lo que pasa hoy en día con las Iglesias evangélicas, católicas y otras denominaciones, que pactan con los gobiernos para obtener mayores beneficios para si mismas. Tratar de evitar el sufrimiento ha sido el lema de la iglesia de este siglo., una iglesia cobarde que hace alianzas con asesinos y anticristos.

Aprendamos de los verdaderos cristianos como Dietrich Bonhoeffer. El pareció nunca haber vacilado en su antagonismo cristiano contra el régimen nazi, aunque eso significó para él encarcelamiento, la amenaza de tortura, peligros para su propia familia, y finalmente la muerte. fue el cumplimiento de lo que siempre había creído y enseñado: “El sufrimiento, entonces es la etiqueta del verdadero discipulado. El discípulo no es más que su maestro. Seguir a Cristo significa passio passiba sufrimiento porque tenemos que sufrir. Por eso Lutero reconoció el sufrimiento entre las marcas de la verdadera iglesia, y uno de los memorandos preparados para la Confesión de Augsburgo, en forma similar, define a la iglesia como la comunidad de aquellos que son perseguidos y martirizados por causa del evangelio…el discipulado quiere decir lealtad al cristo sufriente, y por consiguiente no es sorpresa que los cristianos son llamados a sufrir”[1]

Somos llamados a caminar a la cruz y morir, no a construir imperios. Somos llamados a hacer discípulos enseñando todo lo que Cristo hizo y dijo en su paso por esta tierra. Somos llamados a ser como Cristo y levantar la voz en contra de las injusticias de nuestra sociedad sin temor a la persecución y la muerte. Somos llamados a proclamar el “Reino de los cielos” y ningún partido político, ni hacer pactos con ninguna autoridad.

Somos llamados a orar por nuestro país, nuestros gobernadores y presidentes, pero nunca asociarnos para tener algún privilegio de parte de ellos. La Biblia nos llama a someternos a las autoridades, pero nunca a callar nuestras voces. La Biblia nos llama a ser buenos ciudadanos y a la vez estar en contra de las leyes que se contraponen a la justicia de Dios. Necesitamos decirles a los ricos que deben vender todo y dárselos a los pobres. Debemos decirles a los religiosos que  Dios no habita en templos hecho de manos de hombres; que lo vendan o lo dediquen a los pobres, desprotegidos, viudas y extranjeros.

Seamos como Dios, que está más preocupado de los barrios, poblaciones y personas humildes que de los ricos y poderosos. Dios está tan identificado en nosotros que se Hizo hombre, nació en un hogar sencillo, creció sin lujos ni privilegios, obedeció las leyes y nunca hizo pecado. Vivió una vida extraordinaria y termino su caminar de igual manera. Sufrió de las manipulaciones políticas y religiosas, sufrió del desaire de las masas y la traición de sus propios discípulos.

A pesar de todo lo que le hicimos nos dice:

“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mateo 11:28, Nueva Versión Internacional)

»Ciertamente les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí eran unos ladrones y unos bandidos, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. El asalariado no es el pastor, y a él no le pertenecen las ovejas. Cuando ve que el lobo se acerca, abandona las ovejas y huye; entonces el lobo ataca al rebaño y lo dispersa. Y ese hombre huye porque, siendo asalariado, no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí,  así como el Padre me conoce a mí y yo lo conozco a él, y doy mi vida por las ovejas.  Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traerlas. Así ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Por eso me ama el Padre: porque entrego mi vida para volver a recibirla. Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla. Este es el mandamiento que recibí de mi Padre».

(juan 10:7-18, Nueva Versión Internacional)

[1] Extracto de John W. Stott citado en el libro “Mas de 1001 Ilustraciones y citas de Swindoll”, charles Swindoll. pag.592

Dios les bendiga

Fabián Pavez

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