El caso de DMX y otros tales!

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Imagina haber vivido una vida llena de vicios, errores y pecados. Súmale a eso haber tomado muchas malas decisiones en el camino de la vida. Tantas malas decisiones que has llegado al peor lugar que un hombre pueda llegar.
Te llevan del calabozo a tu lugar de crucifixión. Te clavan a la cruz y te suben. Es ahí donde te encuentras con la persona más importante de toda la galaxia. Un hombre del cual escuchaste hablar que era diferente a todos los maestros que existen. Que tenía poder para sanar a los enfermos, que enseñaba con autoridad sobre Dios, su padre y del reino de los cielos. Que daba esperanza a los pobres y abatidos de esta sociedad. Un hombre cuyo nombre era Jesús, el Mesías.
“Uno de los criminales allí colgados empezó a insultarlo: ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! Pero el otro criminal lo reprendió: ¿Ni siquiera temor de Dios tienes, aunque sufres la misma condena? En nuestro caso, el castigo es justo, pues sufrimos lo que merecen nuestros delitos; este, en cambio, no ha hecho nada malo. Luego dijo: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso —le contestó Jesús.” (Lucas 23:39-43)
Y de esta forma Dios, retuerce toda la lógica de los hombres. Incluso la lógica cristiana que deambula por las iglesias de hoy. Esa lógica que dice que tienes que ser una buena persona para ir al cielo. Esa que dice que tienes que realizar un montón de leyes para entrar al paraíso. Esa que dice que con tu impecable vida cristiana vas a, quizás, entrar al cielo. Esa lógica que no contempla a los miserables de esta tierra.
A ese DMX, a ese primo delincuente, a ese papá drogadicto que no pudo dar la pelea y se suicidó. A ese amigo que no pudo cambiar su mal hábito y lo pilló la muerte. A todos esos que llegaron a los pies del Señor; sucios y llenos de pecado, con un corazón humillado; Dios les dice;- Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Para Dios la salvación del alma no tiene precio. No podrás comprarla de ninguna forma. Ni siquiera con tus buenas obras. (efesios 2:8-9) porque, en ese caso, la Gloria te la llevarías tú y no la obra que Jesús hizo en la cruz. Por eso La cruz es el equilibrio a la justicia y la ira de Dios. Es la nueva ley que viene a emparejar la cancha, para toda la humanidad. Incluyendo los pecadores de este mundo que nunca tuvieron las fuerzas de voluntad, ni la opción de seguir a Cristo.
Dios ha hecho de la Cruz, una locura. Locura que ha dado esperanzas a millones de condenados y desahuciados que no pudieron remediar su vida del pasado. Aquellos que no tenían otra opción que pagar sus culpas en esta vida. Claro, el pecado trajo sus consecuencias. Pero donde sobreabundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y donde creemos que no hay salvación, Dios nos sorprenderá con su soberanía.
“A algunos que, confiando en sí mismos, se creían justos y que despreciaban a los demás, Jesús les contó esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos. El fariseo se puso a orar consigo mismo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni mucho menos como ese recaudador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo”. En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!”
»Les digo que este, y no aquel, volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».” (Lucas 18:9-14)
Fabian Pavez
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